I hear your voice but I can't listen you


¿Sabes cuál es el problema? Que las personas siempre hablan pero nunca escuchan. El problema es que todo el mundo oye, pero pocos te prestan la atención necesaria para saber que hay algo de tristeza, preocupación, alegría o desesperación en tu voz. El problema es que con el tiempo te acostumbras a que nadie te escuche como es debido y acabas por volverte un tanto huraña. ¿De qué te sirve rodearte de gente cuando lo único que necesitas es alguien o algo donde depositar tus miedos? Con el tiempo terminas sustituyendo ese alguien por un lápiz y un papel. Ellos no te pueden escuchar, pero guardan tus palabras marcadas con tinta en lo mas hondo de sus entrañas… como huellas en el tiempo, y en ocasiones, duele pensar que tal vez a ese pedazo de tinta y papel, le dediquen más tiempo del que te dedicaron a ti.

The Joseph Cornell Box

La conferencia es sobre las pajareras de Cornell. Cada una de ellas es lóbrega, y posee un interior pintado de blanco con los mismos palos y agujeros que tendría una jaula; algunas incluso tienen pájaros dibujados dentro. Son las piezas más inhóspitas y austeras del autor, desprovistas del capricho del Conjunto de Burbujas de Jabón o el romanticismo de las Pajareras de Hotel.
- ¿Por qué creéis que el señor Cornell ideó estas pajareras? - prengunta la guía.
- Creo que construyó las pajareras porque se sentía solo. No tenía a nadie a quien amar, y construyó las pajareras para que pudieran amarlo, de ese modo la gente sabría de su existencia, y también porque los pájaros son libres y las pajareras son escondites para que las aves se sientan seguras, y él quería sentirse libre y a salvo. Las pajareras son para él, para que él pueda ser un pájaro.







The traveler's wife, Audrey Niffenegger

Fleeting moments


- Estaba coleccionando un momento.
- ¿A qué te refieres?
- Colecciono momentos, busco detalles que tengan algo especial y trato de concentrarme en ellos.
Yo creo que la vida es terrible, pero hay momentos hermosos que valen la pena, y yo los colecciono para intentar ser un poco más feliz.





Y decirte alguna estúpidez, por ejemplo, te quiero

The Time Lords.


+ ¿Cuántas somos las que hemos viajado contigo?
- ¿Eso importa?
+ Sí, importa si soy la última de una larga fila.
- ¿Qué quieres saber?
+ Creí que tu y yo eramos... obviamente me equivoque. He estado en el año cinco mil millones, pero esto, esto realmente es ver el futuro, nos dejas atrás. ¿Es eso lo que me harás?
- No. A ti no.
+ ¿Y Sarah Jane? Estuviste tan cerca de ella una vez y ni si quiera la has mencionado nunca. ¿Por qué no?
- No envejezco, me regenero. Pero los humanos decaéis, os marchitáis y morís. Imagina ver pasar eso a alguien que...
+ ¿Qué Doctor?
- Puedes pasar el resto de tu vida conmigo, pero yo no puedo hacerlo contigo. Tengo que seguir viviendo solo. Es la maldición de los Señores del Tiempo.


Dr. Who, 2x03, The Rescue

It is you


El sol lucia radiante sobre el rio. El olor a pólvora no pasaba desapercobido en el ambiente.
En el césped, Cassie dibujaba con sus dedos cada centímetro de la espalda de Rubén.
Observaba sus cabellos cobrizos, que a la luz del sol adquirían un hermoso tono anaranjado.
- ¿En qué piensas? - Preguntó Rubén mientras se incorporaba hasta quedar a la altura de su mirada.
- En que estás aquí... - Sonrío inconscientemente - Otra vez.
- No tengo intención de volver a irme. - La beso con dulzura en la mejilla - Al menos, no sin ti entre mis brazos.
Cassie lo miro con ternura en los ojos, y en su cabeza se grabo como tiempo atrás una sola idea ; fue él, era él y sería él. Siempre él.
Con las mejillas aun encendidas, apoyo la cabeza en su pecho mientras cerraba los ojos. Para oír el compás de su corazón y volver a sentirse viva.

Your tears



- Te pasas el tiempo curando a la gente, pero ahogas tus heridas en el alcohol de tus propias lágrimas.


La mecánica del corazón, Mathias Malzieu.

“Wear Sunscreen”


Señores y señoras usen protector solar. Si pudiera ofrecerles sólo un consejo para el futuro, sería éste: Usen protector solar.

Los científicos han comprobado sus beneficios a largo plazo mientras que los consejos que les voy a dar, no tienen ninguna base fiable y se basan únicamente en mi propia experiencia. He aquí mis consejos:

Disfruta de la fuerza y belleza de tu juventud. No me hagas caso. Nunca entenderás la fuerza y belleza de tu juventud hasta que no se haya marchitado. Pero créeme, dentro de veinte años, cuando en fotos te veas a ti mismo comprenderás, de una forma que no puedes comprender ahora, cuántas posibilidades tenías ante ti y lo guapo que eras en realidad. No estás tan gordo como imaginas. No te preocupes por el futuro. O preocúpate sabiendo que preocuparse es tan efectivo como tratar de resolver una ecuación de álgebra masticando chicle. Lo que sí es cierto es que los problemas que realmente tienen importancia en la vida son aquellos que nunca pasaron por tu mente, de ésos que te sorprenden a las cuatro de la tarde de un martes cualquiera.

Todos los días haz algo a lo que temas. Canta. No juegues con los sentimientos de los demás. No toleres que la gente juegue con los tuyos. Relájate. No pierdas el tiempo sintiendo celos. A veces se gana y a veces se pierde. La competencia es larga y, al final, sólo compites contra ti mismo. Recuerda los elogios que recibas. Olvida los insultos (pero si consigues hacerlo, dime cómo hacerlo). Guarda tus cartas de amor. Tira las cartas del banco. Estírate. No te sientas culpable si no sabes muy bien qué quieres de la vida. Las personas más interesantes que he conocido no sabían qué hacer con su vida cuando tenían veintidós años. Es más, algunas de las personas que conozco tampoco lo sabían a los cuarenta.

Toma mucho calcio. Cuida tus rodillas sentirás la falta que te hacen cuando te fallen. Quizá te cases, quizá no. Quizá tengas hijos, quizá no. Quizá te divorcies a los cuarenta, quizá no. Quizá bailes el vals en tu setenta y cinco aniversario de bodas. Hagas lo que hagas no te enorgullezcas ni te critiques demasiado. Optarás por una cosa u otra, como todos los demás.

Disfruta de tu cuerpo. Aprovéchalo de todas las formas que puedas. No tengas miedo ni te preocupes por lo que piensen los demás porque es el mejor instrumento que jamás tendrás. Baila, aunque tengas que hacerlo en el salón de tu casa. Lee las instrucciones aunque no las sigas. No leas revistas de belleza pues para lo único que sirven es para hacerte sentir feo.

Aprende a entender a tus padres. Será tarde cuando ellos ya no estén. Llévate bien con tus hermanos. Son el mejor vínculo con tu pasado y, probablemente, serán los que te acompañen en el futuro. Entiende que los amigos vienen y se van pero hay un puñado de ellos que debes conservar con mucho cariño. Esfuérzate por no desvincularte de algunos lugares y costumbres porque, cuando pase el tiempo, más los necesitarás. Vive en una ciudad alguna vez pero múdate antes de que te endurezcas. Vive en un pueblo alguna vez pero múdate antes de que te ablandes.

Viaja. Acepta algunas verdades ineludibles: los precios siempre subirán, los políticos siempre mentirán y tú también envejecerás. Y, cuando seas viejo, añorarás los tiempos en que eras joven: los precios eran razonables, los políticos eran honestos y los niños respetaban a los mayores. Respeta a los mayores. No esperes que nadie te mantenga pues tal vez recibas una herencia o, tal vez te cases con alguien rico pero, nunca sabrás cuánto durará. No te hagas demasiadas cosas en el pelo porque cuando tengas cuarenta años parecerá el de alguien de ochenta y cinco.

Sé cauto con los consejos que recibes y ten paciencia con quienes te los dan. Los consejos son una forma de nostalgia. Dar consejos es una forma de sacar el pasado del cubo de la basura, limpiarlo, ocultar las partes feas y reciclarlo dándole más valor del que tiene. Pero hazme caso en lo del protector solar.


Chicago Tribune, 1 de junio de 1997, María Schmidt.
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